martes, 31 de enero de 2017

Nazareno Porfiri, el creador de Confitería Yuly

El 31 de diciembre de 2016 cerró un emblema de Villa Constitución: Confitería Yuly. Las notas publicadas en Diario EL SUR provocaron una catarata de mensajes en las redes sociales del medio demostrando el fuerte arraigo de este comercio en el imaginario popular. (Cierra Yuly, un adiós de aromas y sabores) (El cierre de Yuly hizo explotar las redes sociales con emotivos mensajes).
Sin recordar que alguna vez hice Personaje de la Semana al creador de este negocio, Nazareno Porfiri, buscando un material para otra nota, di en los archivos de Diario EL SUR con la edición del viernes 8 de septiembre de 2000, y allí estaba: Nazareno Porfiri, hablándome desde el pasado de su querida Confitería Yuly. Comparto con Uds. este material para perdurar en la memoria colectiva este pedazo de la historia villense.

Una historia de dulzura
Antes de su llegada a Villa, las masas finas y confituras eran un manjar casi inaccesible al común de la gente ya que no existía un comercio especializado en su venta. Por eso Nazareno Porfiri se empecinó en darle a la ciudad una gran confitería y lo consiguió. Hoy, casi cincuenta años después, su emprendimiento continua vigente y es una de las marcas clásicas de nuestra ciudad.

Hijo de inmigrantes
Los padres de Nazareno Porfiri eran inmigrantes italianos que se radicaron en Acebal, donde nació el 17 de enero de 1919, uno más de la decena de hijos del matrimonio. Con el tiempo abrazó el oficio de panadero y se radicó en Al corta. Hasta que en octubre de 1949 aceptó el desafío de un amigo y llegó a Villa Constitución para poner una confitería.
"El 17 de octubre de 1949 llegué a Villa en tren, con una camita, un colchón y un calentador, al tún tún. Vine solo y soltero. Vine porque las confituras eran muy aceptadas y todos decían que hacía falta una confitería. Yo tenía un amigo, un tal Bigiano que tenía relojería, que me dijo: -No hay nadie que haga masas, por qué no te venís. Y yo decidí vender la panadería que tenía en Alcorta y vine».
Pese a ello era difícil conseguir un lugar para la futura confitería, -me encontré con el papá de (Pedro) Sala y me dijo: -Es más fácil I comprar un billete y sacar la grande que conseguir un local». Pero empecinado, le echó el el ojo a uno ubicado en San Martín casi Salta «donde había un negocio de compostura del calzado; y lo seguí, y lo seguí e insistí tanto que lo conseguí. El tipo, con el dinero que le di se compró una casa». I

Los primeros
En sus comienzos «traía masas de San Nicolás, en aquel entonces en Villa existía sólo el barrio Talleres». Existía «un competidor que traía masas de Rosario, estaba en la galería Santa Lucía, que eran bastante fuleritas, pero las de San Nicolás eran muy buenas. Entonces Cilsa tenía como 500 empleadas, cuando cobraban la quincena barrían con lo que había y nos faltaba siempre mercadería».
A su llegada a Villa «tenía 10 años en el oficio de panadero, pero no el sector confituras. Después hice un hornito, en el que cabían cuatro latas, y hacía facturas a la hora de la siesta o de noche. A los seis meses vino otro hermano e hicimos otros hornos y empezamos a organizamos distinto, trajimos un confitero de Rosario, y empezamos a hacer tortas para novias. Imagínese que éramos los únicos que por entonces trabajábamos en ese rubro». Así, en 1951, nació la confitería «Yuly», «quería un nombre corto porque si era largo era mucho más trabajo, para el letrero, para todo. Busqué un nombre corto, y se me dio por decir 'Yuly' y seguí con él, por aquel entonces Yuly era único, y estaba por la nubes (en ventas), pero ahora hay tanta competencia que han cambiado las cosas».

Una Villa floreciente
Desde 1951 permaneció al frente del negocio por veinte años. «Estuve desde el 51 hasta el 71, era el encargado, de las 4 a las 8 iba a la cuadra a trabajar, después de las 8 a atender el negocio, así que llevaba como quince horas de trabajo por día. Cuando caían los feriados había mucho más trabajo que los días de semana; cuando llegaba fin de mes, que la gente cobraba no dábamos abasto. En esa época Acindar se estaba montando, imagínese: trabajaba el elevador, Cilsa, había una fábrica de durmientes, habla varios negocios más, y ahora la Junta de Granos no trabaja más, Cilsa no trabaja más, así que se ha vuelto para atrás... Pero hubo una época muy buena».
En esos días florecientes «la juventud de los pueblos vecinos se venía toda para Villa» y entonces -la confitería Yuly estaba por las nubes, teníamos mucho trabajo. Los días domingos teníamos que estar en el mostrador de tres a cuatro personas y se hacían como cien latas de facturas, a la tardecita llegábamos a hacer hasta cien, ciento veinte pizzas, cuando nadie hacía pizzas».
Asegura que «se trabaja hasta las diez de la noche, ahora cambió todo,- pero entonces perdimos de progresar más por falta de mercadería, porque no se daba abasto».

Época gloriosa
La confitería crecía pero la demanda se multiplicaba «con decirle que con las tortas, cuando había fiesta, por ejemplo la primera comunión, hemos puesto tortas hasta arriba de la cama porque no había donde ponerlas. Recuerdo que mi hijo tenía cinco o seis años y nos descuidamos, y fue a manosearlas y deshizo varias tortas, el decorado».
Era "todo muy distinto, Villa hizo como una explosión y se vino abajo; cuando paró el elevador, Cilsa, todo eso, quedaron muchos desocupados», dice con tristeza. Trae el recuerdo entonces «de cuando los camiones con cereal invadían el pueblo y la gente se quejaba porque le tapaban el garage o le ensuciaban. Qué cosa...".

Le duele la falta de trabajo y de oportunidades para los jóvenes de hoy, sobre todo porque siempre fue un luchador. "Empecé con un sacrificio, no paraba», recuerda y «cuando el negocio estaba cerrado me dedicaba a ponerlo en condiciones, colocarle estanterías. Compré una estantería que había sacado la tienda 'La Liquidadora' (entonces sita en Rivadavia e Irigoyen), era inmensa. Le dije al papá de los Moreno si no tenía una estantería para vender, y con la pipa en la boca -tenía siempre la pipita en la boca- me dijo que la fuera a buscar. Vine con un chasis y no la pude cargar de lo grande y me la vendió por una bicoca».